
Entrevista Alfons Carnicero, CEO & Co-Founder ABLE Human Motion
Alfons Carnicero es ingeniero industrial. Su trayectoria nace en la intersección entre el deporte y la ingeniería, y acaba dando forma a una solución que hoy mejora la movilidad y la calidad de vida de personas con afectaciones neurológicas.
Te invitamos a descubrir la historia completa de ABLE Human Motion, una empresa de Barcelona que creaexoesqueletos robóticos para mejorar la movilidad, la salud y la calidad de vida de las personas con discapacidad.
¿Cómo empieza la historia detrás del proyecto?
De la unión entre pasión por el deporte y las nociones técnicas. Al principio quería aplicar mis conocimientos para mejorar el rendimiento de los deportistas, porque yo no era suficientemente bueno para dedicarme.
Por esta razón empecé realizando un primer estudio de la biomecánica del salto de longitud con el Centre d’Alt Rendiment de Sant Cugat (C.A.R.). Es una entidad de apoyo científico-técnico para el deporte, especialmente el de alto nivel. También colaboré con el Barça de básquet, para optimizar el rendimiento durante el lanzamiento a canasta.
Más tarde, cuando ya estaba terminando el grado, mi padre sufrió un ictus. De un día para otro cambió su vida y también toda nuestra dinámica familiar. Perdió parte de la movilidad del cuerpo y le costaba hablar y escribir.
Ver esta realidad tan de cerca me llevó a reflexionar y replantearme un poco mis intereses. Mi padre salió adelante, pero después tuvo un segundo ictus. Por suerte se recuperó y hoy camina perfectamente.
Al acompañarlo a rehabilitación, observé múltiples necesidades para ofrecer un mejor apoyo a las personas que han sufrido daño neurológico. Por ejemplo, me sorprendió ver que un gran hospital de referencia en Barcelona tenía tecnología en muchos departamentos, pero no en rehabilitación. Allí únicamente había camillas, barras paralelas y fisioterapeutas que movían manualmente las piernas de los pacientes.
Todo ello me llevó a pensar que podría hacer algo para mejorar la atención a los pacientes. Esta fue la chispa inicial que después daría forma a todo el proyecto.
En ese momento todavía estaba terminando la carrera de Ingeniería Industrial. Más adelante cursé un Máster en Ingeniería Biomédica, y empecé también a realizar prácticas en el Instituto Guttmann, un centro de referencia especializado en la rehabilitación de personas con daño neurológico, reconocido por su innovación y excelencia en el tratamiento de lesiones medulares y cerebrales.
Allí sí vi que existían robots para realizar rehabilitación y fue cuando me pregunté: “si esta tecnología existe, ¿por qué no todos los pacientes se pueden beneficiar?”.
Este fue el origen de lo que años más tarde dio lugar al proyecto ABLE Human Motion.
Posteriormente, me fui a trabajar a Alemania durante seis meses a una empresa de dispositivos médicos, en la que pude aprender cómo funcionan las particularidades de esta industria, que estaba especializada en los reimplantes de rodilla.
Después de todas estas experiencias regresé a Barcelona, me reencontré con un profesor con el que había realizado el trabajo sobre el básquet, que tenía otro proyecto universitario de investigación para intentar crear lo que llamamos una órtesis robotizada, que es como si fuera un aparato ortopédico, pero con un motor en la rodilla.
Este proyecto universitario evolucionó gracias al Programa CaixaImpulse de la Fundación La Caixa. Ellos nos dieron el apoyo económico inicial para lanzar el proyecto adelante.
A partir de aquí, estuve un año dedicándome a recorrer Catalunya y parte del mundo para conocer las necesidades reales de los pacientes, hablar con médicos y fisioterapeutas y descubrir si realmente lo que yo había visto con mi padre era un problema real o no.
Confirmé que se trataba de una necesidad real y entonces comprendí por qué estos robots no estaban en todos los centros de rehabilitación: eran equipos muy pesados, de más de 30 kg. Esto dificultaba su traslado, incluso dentro del propio hospital. Además, requerían mucho tiempo de ajuste entre pacientes, tardando incluso entre 20-30 minutos. Eso en el día a día de un hospital era insostenible.
Finalmente, y también a causa de todas estas razones, los equipos eran muy caros y llegaban a valer más de 160.000 euros y por lo tanto era muy difícil que la sanidad pública pudiera hacerse cargo de ellos.
Con toda la información recopilada contacté con un antiguo compañero de la universidad que en ese momento estaba trabajando en una empresa de robótica en Barcelona y lo convencí para impulsar este proyecto.
Así fue como el profesor, Josep Maria Font, mi compañero de facultad, Alex Garcia Farreny y yo fundamos ABLE Human Motion en octubre de 2018 con la idea de que esta tecnología pueda llegar a muchas más personas. Dicho de otra manera, quisimos democratizar el uso de la robótica para rehabilitación.
¿En qué consistió esta fase inicial?
Empezamos buscando dinero para poder contratar a las primeras personas del equipo. Estuvimos cinco años de desarrollo I+D, probando prototipos e iterándolos después de que lo probaran los pacientes. Casi 200 personas con afecciones neurológicas llegaron a probar alguna versión de los prototipos que realizamos.
También participaron más de 30 profesionales clínicos, que nos daban feedback a lo largo de todo el proceso para mejorar la tecnología.
¿Cuál fue el resultado de toda esta investigación?
Con este proceso de co-creación logramos el primer producto de la empresa: el Exoesqueleto ABLE, que certificamos según el Reglamento Europeo de Productos Sanitarios (Medical Device Regulation o MDR de sus siglas en inglés) como un producto médico en abril de 2024.
En julio de 2024 lanzamos el producto al mercado, como dispositivo de uso clínico. Nuestros clientes son centros de rehabilitación, hospitales y otras entidades que los utilizan para reentrenar la marcha de sus pacientes, ya sea con lesión medular, esclerosis múltiple, ictus u otras patologías neuromusculares.
El primer año de ventas fue un año de grandes aprendizajes, en el que realizamos un lanzamiento muy controlado pensando en resolver las necesidades específicas que tenían nuestros primeros clientes y darles una buena experiencia y servicio técnico. Por ello, la mayoría de nuestras ventas fueron en España, para poder reparar o dar servicio a cualquier equipo rápidamente.
Ahora ya contamos con 35 robots en el mercado y estamos en fase de expansión internacional. Tenemos nuestro propio equipo de ventas en Alemania y España, así como distribuidores en Portugal, Polonia, Rumanía e Italia, mientras seguimos explorando nuevos mercados.
La sanidad pública está incorporando poco a poco estas tecnologías.
Sí, correcto. En Catalunya, el Departament de Salut, a través del Servei Català de la Salut (CatSalut) ha incorporado seis de estos robots en su “plantilla”, concretamente en Vall d’Hebron, Parc Taulí, Germans Trias i Pujol, Bellvitge, Sant Pau i Hospital del Mar. Además, la sanidad pública de otras comunidades autónomas como Euskadi, Extremadura, Aragón, Navarra y La Rioja también ha apostado por nuestro exoesqueleto.
Gracias a estas iniciativas hemos observado que cada vez más pacientes se pueden beneficiar del uso de la robótica durante los procesos de rehabilitación. En el último año, más de 700 pacientes han tenido acceso a nuestra tecnología y han dado más de tres millones de pasos con el exoesqueleto.
De cara al futuro, estamos desarrollando un exoesqueleto para niños (uso pediátrico), porque el dispositivo actual solo es válido para personas que midan más de 150 cm; y también estamos trabajando en un exoesqueleto de uso personal, para que las personas puedan tenerlo en casa y lo utilicen para dar un paseo, hacer ejercicio de pie y socializar.
¿Cuáles fueron los principales problemas que encontrasteis a la hora de iterar y validar el prototípo durante estos cinco años de desarrollo?
El reto más grande ha sido lograr que el mismo robot pueda servir para pacientes tan diferentes. Sobre todo en lo que se refiere a medidas, peso y nivel de afectación, porque cada paciente es distinto: una persona puede no ser capaz de mover una rodilla, otra tal vez no pueda aguantar el tronco erguido, y otra no mover los brazos.
Diseñar un robot sabiendo que el usuario de ese robot cada día cambia, no es sencillo. De hecho, hay días en que un mismo robot puede ser usado por hasta cinco o seis personas diferentes. Lograr que funcione bien con todos los pacientes ha sido el reto más difícil.
Por esta razón ha sido tan importante la co-creación, tanto con usuarios finales como con terapeutas, que han trabajado codo a codo con nuestro equipo de ingenieros.
Una cosa que parece una tontería, por ejemplo, era que durante las primeras etapas de desarrollo nos parecía que el exoesqueleto hacía demasiado ruido. Sin embargo, cuando lo probamos, los pacientes nos decían que necesitaban ese ruido, porque si no lo escuchaban, no sabían que su pierna se estaba moviendo, precisamente porque ellos no la notan.
Si no pruebas la tecnología con usuarios durante el desarrollo, no puedes tener toda esta información. No hay manera de que tú como técnico lo puedas saber.
Precisamente en Qualud, por nuestro trabajo diario, pero también por la relación que tenemos con nuestros clientes, sabemos que uno de los elementos más importantes a tener en cuenta es que cuando se desarrolla tecnología para pacientes, precisamente los pacientes deben participar.
Fíjate, por ejemplo, que a la hora de probar el prototipo, los terapeutas ponían el foco en generar la menor fricción posible en su práctica diaria, de manera que fuese muy sencillo de utilizar, el mínimo número de clics en la aplicación, que ponerse el dispositivo fuese fácil, que el propio paciente se lo pudiera poner, que con solo una mano el fisioterapeuta se lo pudiera poner, porque con la otra necesitaba mantener el tronco del paciente recto. De esta manera, todos los cierres y los “clics” están diseñados para que los puedas hacer con una sola mano. En definitiva, el prototipo, como tal, no debía generarles un trabajo extra. Lo mismo ocurre con los pacientes, es importante saber qué necesitan.
¿Qué resultado os dio la idea de que ya podríais salir al mercado y empezar a producir a mayor escala?
Durante la pandemia, en 2020, empezamos a realizar un estudio clínico con lo que nosotros pensábamos que ya era un modelo lo suficientemente bueno para certificar y producirlo. Pero hicimos un ensayo clínico y nos dimos cuenta de que aquellos pacientes que tenían menor afectación lo utilizaban bastante bien, pero los que estaban más afectados a nivel funcional se cansaban mucho, hasta el punto de caminar diez metros y no poder más.
Ese fue un momento crítico porque no sabíamos qué hacer. Teníamos la opción de lanzar un producto nicho solo para un trozo del mercado, que era muy reducido; continuar invirtiendo en I+D para intentar resolverlo, o cerrar la empresa y el proyecto porque ya habíamos gastado mucho dinero.
Por suerte los inversores nos apoyaron y optamos por la opción de seguir impulsando el área de I+D y al final lo conseguimos. Retomando la pregunta que me hacías al principio, en el momento en que hicimos esta iteración del prototipo y la completamos con un ensayo clínico que demostraba la superioridad de ese nuevo dispositivo, justo en ese momento supimos que estábamos preparados para seguir adelante y empezar la certificación y posterior producción.
¿Qué retos habéis encontrado para penetrar con el exoesqueleto en el sistema público que no habéis encontrado en el privado?
El primer año solamente entramos en centros privados, hecho que formó parte de nuestra estrategia. El ciclo de adquisición que tiene un hospital privado es más rápido que uno público. Si el gerente está convencido de que económicamente el proyecto es rentable, porque ayudará a un gran número de pacientes y se convertirá en polo de atracción de nuevos pacientes porque recibirán un mejor tratamiento, entonces la decisión se puede tomar con rapidez.
Con los hospitales públicos el proceso es mucho más lento y complejo porque inciden otras variables, como el paso previo de crear una necesidad para que los médicos rehabilitadores realicen la solicitud de esta tecnología o prototipo, la existencia o no de fondos reservados a esta tipología de proyectos, etc.
Este año hemos podido avanzar gracias a los Fondos Europeos de Recuperación Next Generation EU, con los que varios sistemas de salud han podido incorporar nuevas tecnologías para rehabilitación, sobretodo para pacientes neuromusculares y con ELA.
Y esto es una gran novedad, porque en los últimos diez años la incorporación de tecnologías robóticas en el sistema público de salud en España había sido muy escasa.
Por un lado, hemos podido aprovechar este contexto favorable, aunque por el otro, como pequeña empresa, no deja de ser un gran reto cada vez que surge una licitación, porque debemos poder cumplir los requisitos para ganarla. Existen muchos requisitos de solvencia económica que, si estás empezando, son difíciles de cumplir.
Pero hemos sabido buscar soluciones y ahora nos hemos convertido en expertos. Nos presentamos a diferentes licitaciones de diferentes Comunidades Autónomas, teniendo en cuenta que cada una funciona diferente. Debemos saber adaptarnos muy bien a los pliegos, que varían de un territorio a otro.
¿Cómo está participando Qualud en el proyecto con ABLE Human Motion?
La posibilidad actual de poder producir exoesqueletos a mayor escala, ha sido posible gracias a un proyecto del Instituto Europeo de Tecnología e Innovación, EIT Health, en el que participamos junto con el Instituto Guttmann, el Hospital Universitario de Heidelberg, la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), la Universitat de Barcelona (UB) y centros tecnológicos de renombre como EURECAT.
El objetivo de este proyecto consistió en desarrollar el Exoesqueleto ABLE y validarlo en dos hospitales de referencia, como son el Instituto Guttmann y el Hospital Universitario de Heidelberg.
En este contexto conocimos a Reinier Torres, CTO de Qualud, empresa que se encargó del desarrollo del primer servidor en la nube (cloud) del exoesqueleto, dónde se almacenan todos los datos de las sesiones de rehabilitación.
El funcionamiento es sencillo, el exoesqueleto va conectado a un móvil con una app, que sirve para que el terapeuta pueda configurar el robot según las particularidades de cada paciente. También sirve para monitorizar las sesiones de terapia y la evolución de cada paciente a lo largo de la rehabilitación.
El exoesqueleto recoge una gran variedad de datos, permitiendo a los profesionales sanitarios realizar análisis y descargar métricas para impulsar una rehabilitación más personalizada para cada paciente.
Esta plataforma en la nube es la que desarrolló inicialmente EURECAT, con Reinier. Tiempo después Reinier fundó Qualud y nosotros seguimos en contacto.
Y ahora, hace casi un año, que juntos participamos en una iniciativa RETECH de Salud Digital de la Generalitat de Catalunya, orientada a ampliar las capacidades de esta plataforma de datos: el proyecto DOMUSENSE, que busca impulsar la monitorización y asistencia domiciliaria inteligente para personas con movilidad reducida o afectaciones neurológicas graves.
Pensando también en ese futuro que te explicaba antes, en el que queremos desarrollar un exoesqueleto para la vida diaria, DOMUSENSE recoge datos del exoesqueleto en un entorno doméstico y diario (también en la calle, por ejemplo), recoge datos de un sensor que se coloca en una silla de ruedas, para saber también cuánto tiempo pasa el paciente sentado o de pie, porque sabemos también que el sedentarismo se asocia a muchos otros problemas de salud, como osteoporosis, dolores crónicos, problemas cardiorespiratorios, digestivos, etc.
La plataforma también dispone de un Fitbit, una pulsera para registrar la actividad física diaria de cada paciente. Todo ello se conecta a la plataforma DOMUSENSE, una plataforma inteligente a la que se puede conectar tanto el paciente como el terapeuta, y con herramientas de IA le realiza seguimiento y le ofrece recomendaciones de cómo debe ser el tratamiento, cuáles son las mejoras que está percibiendo, para que se levante.
¿Qué más destacarías de DOMUSENSE?
Como proyecto de investigación, DOMUSENSE es todavía una prueba de concepto que ya se ha probado en entorno de laboratorio en EURECAT Cerdanyola, donde por ejemplo pudimos simular entornos como una cocina o espacios exteriores, para testear cómo se comporta la plataforma y el exoesqueleto en posibles entornos reales.
Los exoesqueletos de uso personal todavía no se han probado en entornos reales porque todavía no están certificados para este uso. Con el proyecto RETECH hemos logrado realizar esta prueba de concepto.
Hay otro sensor que no he mencionado, que también es importante, que es el que detecta cuándo estás en casa y cuando no. También está instalado en la plataforma DOMUSENSE.
Con este sensor puedes medir la actividad social de la persona, cuánto tiempo pasa en casa, etc. Así el médico también puede ver si, por ejemplo, su paciente ha caminado menos este mes, y animarle a ser más proactivo el mes siguiente.
¿Cuáles son los próximos pasos de ABLE?
El año que viene esperamos sacar al mercado el exoesqueleto para niños y en dos años el de uso domiciliario, aunque para nosotros este será un producto en constante evolución. Inicialmente, no será un sustituto de la silla de ruedas, porque la tecnología no está todavía preparada para ello. Será un dispositivo que podrás usar cada día para ponerte de pie, hacer ejercicio y volver a mirar a las personas a la altura de los ojos, con todos los beneficios que esto supone para la salud y a nivel psicológico.
A medio plazo, el objetivo es seguir avanzando hacia soluciones que permitan sustituir la silla de ruedas durante más horas al día, y puedan ser usados de forma más independiente.
